El contexto en el que viven las marcas hoy en día está directamente influenciado por la digitalización. Se mueven en un entorno lleno de incertidumbre y enormemente cambiante en el que no hay tiempo para asimilar esos cambios, esto afecta directamente a los ciclos del branding y a la vigencia temporal de sus estrategias.

Las marcas de hoy exigen unos cimientos fuertes que sostengan un proyecto a largo plazo pero con una construcción día a día.

Las marcas son el motor que mueve el mundo hoy y escriben las directrices de lo que ocurrirá el día de mañana. Sin duda tienen un gran peso en la sociedad actual, influyen en nuestras vidas y nos obligan a adquirir unos determinados hábitos, tanto de consumo como en la forma en que afrontamos nuestro día a día. Están presentes en nuestras necesidades básicas: alimentación, higiene, descanso, confort… En nuestro entretenimiento, en la forma de comunicarnos con los demás, en nuestro trabajo, en nuestras rutinas… Cada día se crean productos y servicios que responden a nuevas necesidades que antes no existían. Lo vemos con productos o servicios revolucionarios como Uber que ha cambiado el panorama del transporte de personas, Amazon que ha revolucionado por completo el mundo del retail o Airbnd que está cambiando las reglas del negocio de los alquileres vacacionales.

Cada día se registran cientos de nuevas marcas, según datos de la OEPM (Oficina Española de Patentes y Marcas), en 2016 se solicitaron en España 52.103 registros nuevos, de los que se concedieron 42.528. Ante tanta saturación, las marcas deben definir y transmitir de forma clara su propuesta de valor y cómo van a mejorar nuestras vidas. Los consumidores estamos dispuestos a utilizar productos y servicios que sean sinceros y que respondan a las expectativas generadas. Buscamos experiencias únicas pero también tenemos unos ideales y principios que exigimos a las marcas. Buscamos marcas comprometidas que construyan un mundo mejor.

En este entorno voraz en el que nos movemos, los errores terminan pasando factura hasta el punto de llegar incluso a hacerlas desaparecer. Una mala acción o una estrategia mal definida son los principales causantes de que las marcas terminen fracasando. Factores como que no transmitan los valores deseados o no logren satisfacer las necesidades que buscamos en ellas, son posiblemente los peores errores a los que se enfrentan. La mala utilización de los instrumentos de marketing puede acabar convirtiendo en fracaso su lanzamiento.

Definir quiénes somos y qué queremos contar al público es un paso esencial en la creación de una marca, pero el trabajo no termina con la creación de un logotipo y una estrategia visual, a partir de aquí empieza el mayor reto al que se enfrenta una marca, su gestión. Esta gestión exige un cuidado de la presencia de la marca en los diferentes medios o soportes en los que esté presente y un plan que defina el camino que debe seguir en el futuro para evitar que caiga en la inconsistencia y la incoherencia.

En definitiva, el branding es la herramienta más poderosa con la que cuenta una marca para construir su mundo y conectar con sus usuarios. El branding construye marcas mejores, y a su vez, las marcas construyen un mundo mejor.

Si no me ofreces algo realmente bueno, no me interesas.

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