Actualmente en el mundo superamos los 7500 millones de personas, ¿te imaginas cómo sería el mundo si todos pensáramos igual? ¿Si todos viviéramos bajo una misma cultura? ¿Si consumiéramos los mismos productos que los demás? Seríamos seres fácilmente programables y sin poder de decisión ante los estímulos de algo nuevo, nuestro comportamiento sería previsible y fácil de controlar, como un robot que recibe una orden y obedece sin ninguna determinación. Por suerte, cada ser humano cuenta con una personalidad única que evoluciona con el tiempo en función de la herencia que recibe y el entorno en el que se encuentra. Somos seres que vivimos en sociedades colectivas pero que pensamos de forma individual.

En este nuevo ámbito global y digitalizado en el que nos movemos hoy en día, las marcas se ven obligadas a buscar nuevas fórmulas para captar la atención de sus usuarios. Ya no se trata sólo de estar presente en la mente de las personas, se trata de conectar con ellas, de llegar a su corazón, de generar engagement. Sólo así se consigue un compromiso sincero y a largo plazo. Cuando construimos una marca, construimos una serie de emociones y experiencias que despiertan el interés de las personas, y por lo tanto, las personas deben ser el eje sobre el que giran todas las estrategias de las marcas. Una marca que no logra conectar con las personas es una marca vacía y en serio peligro.

Pero analizando más en profundidad el escenario en el que se encuentran las marcas de hoy en día, vemos que cada vez resulta más complicada esta conexión. En los canales habituales de difusión de las marcas existe demasiado ruido, cada vez estamos sometidos a un mayor consumo publicitario y esto provoca que cada vez seamos más inmunes a los mensajes que estas nos envían. Un dato relevante sobre este nuevo escenario es el que nos ofrece Havas Group en su estudio “Meaningful brands” según el que a los españoles no les importaría que desapareciesen el 91% de las marcas actuales.

Las marcas deben esforzarse más que nunca en conectar con las personas. Se trata de conectar hoy para construir el mañana.

Como seres humanos, somos seres sociales y por lo tanto necesitamos sentir esa sensación de pertenencia a un determinado grupo. Buscamos marcas comprometidas con nuestra forma de vida y nuestra forma de pensar y que nos hagan ver que hay un respaldo detrás de los productos que nos ofrecen.

Por su parte, las marcas deben estar vivas, deben establecer una relación de confianza con sus usuarios que les permita conocerlos mejor y conocer sus verdaderas inquietudes. Las marcas deben ir más allá y apelar a los sentimientos y emociones, deben generar empatía y hacernos sentir que formamos parte de la marca. Es necesario ofrecer experiencias únicas para captar la atención de los usuarios y comenzar a construir una confianza a largo plazo, pero es más necesario todavía fortalecer la relación con los usuarios habituales de la marca, usuarios que tienen una buena experiencia de marca terminan comportándose como auténticos embajadores de la marca.

Me gustaría subrayar que el engagement no debe ser sólo el compromiso existente entre consumidor y marca, el engagement es un compromiso entre las personas y la marca, esto incluye también a las personas que gestionan la marca: directivos, asesores, empleados,… todo el que está en contacto con la marca tiene que sentirla como su pertenencia. Un empleado no puede vender un producto en el que no cree porque eso repercute directamente sobre la marca y daña peligrosamente su imagen.

Las marcas deben apostar por conectar con las personas y la única forma de conseguirlo es conectar con sus sentimientos.

Para ser el elegido es necesario conectar con las personas.

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