Los seres humanos somos seres emocionales y tomamos decisiones en función de nuestros sentimientos y sensaciones. Este concepto ha calado profundamente en la forma en que las marcas se comunican con nosotros, ya no sólo basta con saber que es lo qué esperamos de un determinado producto, sino que necesitan saber que sentimos cuando lo consumimos, que pensamos y que es lo que nos emociona de ese producto.

En este sentido el Branding, además de ser una gestión visual y estratégica de la marca, se ha convertido en una gestión emocional que busca conectar con las personas para garantizar una relación sincera y duradera.

Las marcas saben que si conectan emocionalmente con nosotros, conseguirán nuestro amor incondicional.

Las marcas siempre han intentado conectar emocionalmente con su público, un buen ejemplo es el sentimiento de felicidad que se vincula con el acto de beber una Coca-Cola. Pero esta necesidad de gestionar las emociones se acrecienta con la aparición de la figura de los Millennials (personas nacidas entre 1982 y 1995, que llegaron a su etapa adulta después del año 2000). Son la futura generación de consumidores y usuarios, un mercado con nuevas necesidades y demandas que conviene conocer por la repercusión que tendrá en el futuro sobre las marcas. Estas deben adaptar algunos puntos de su discurso para poder conectar con esta generación de usuarios.

No se trata de consumidores, se trata de personas, y como tal, se trata de comunicación, de diálogo, de la necesidad de ser escuchados.

– El producto además de satisfacer una necesidad, debe tener la capacidad de emocionar, de permanecer en la memoria de quien lo utiliza. No se trata sólo de consumir un producto, se trata de consumir una experiencia única.

– Permanecer en la retina de las personas no consiste en saturar los diferentes soportes publicitarios, consiste en estar presentes emocionalmente, de conectar con ellas.

El mundo necesita unos nuevos valores y mayor compromiso social. Las marcas tienen la obligación de cambiar, de empezar a construir un mundo mejor, sino dejaran de ser importantes para esta generación descontenta e inconformista.

– Lo digital prevalece sobre todo lo demás. Vivimos en la era digital a caballo entre dos mundos, el online y el offline.

– Esta generación exige protagonismo, exige participar y colaborar, prefieren compartir antes que poseer.

– Se trata de transmitir confianza y sobre todo cumplir las promesas de la marca.

Las marcas deben empezar a entender que las personas no sólo somos seres racionales, somos sobre todo seres emocionales y que para dejar huella deben empezar a gestionar nuestras emociones.

Somos seres humanos. Somos seres emocionales.